¿Quién no ha querido tener su minuto de gloria en televisión?
Pues si eres de los que lo han pensado, tienes ahora tu oportunidad, ya que la cadena pública prevé estrenar a finales de mayo o principios de junio este concurso de prime time, producido por Boomerang (Cambio radical, En antena, El diario de Patricia), en el que artistas amateurs se someterán al dictamen de un jurado. Este programa viene ser, nada más que, una adaptación al castellano (como siempre, vamos por detrás de EEUU) del exitoso The Gong Show. En éste se valoraba la intervención de los participantes, otorgando puntos canjeables por dinero si gustaban, o interrumpiendo su actuación con un fuerte “gong” cuando eran eliminados.
Parece que La Primera tienes ganas de inaugurar su temporada veraniega con este concurso/reality que será presentado por la siempre ocurrente Paz Padilla, rescatada por la publica como cada verano (acordaos de ese programa de las parejas de recién casados) para dar quizás un aire fresco y divertido al formato.
Nos parece interesante que este programa se presente como una posibilidad para gente con habilidades especiales que quieran darse a conocer. Aunque lo que realmente consideramos es que podrá convertirse en un escaparate para crear aun más personajillos mediáticos.
Híbrido entre El semáforo y ¿Qué apostamos? creemos que intentan rescatar lo mejor de antiguos programas que en su momento le dieron alegrías de audiencia a la cadena para agradar a niños y mayores con diversión y entretenimiento. Aun así pensamos que este lanzamiento es una apuesta arriesgada porque a estas alturas el publico está un poco cansado de ver tantos realitys y concursos que buscan dar espectáculo.
Y además, si alguien puede y debe permitírselo es La Primera: a fin de cuentas es la televisión de todos.
Corrían los ochenta cuando se instalaron en
que mal obra recibe su justo castigo; como es lógico, triunfa siempre la bondad sobre la infamia; los pobres son mucho más felices que los millonarios, dónde va a parar, pues
Ya en 1942, la investigadora alemana
Parece que los niños no deberían ver la tele, excepto bajo la atenta vigilancia parental, y la causa es clara: el
¿Será que su relevante valor social o informativo es incalculable y nosotros, los televidentes, bajitos y no tan bajitos, somos incapaces de profundizar en su legado educativo? ¿O será que las mentes programadoras y pedagógicas están ya prejubiladas o en huelga neuronal o acaso se anexionan al común tráfico de influencias? Creemos que la causa por la que se emite cada tarde este programa de ocaso y tragedia puede ser la espectacularización, la búsqueda del morbo y el sensacionalismo que tanto venden hoy en día. Seguro que nuestros niños, futuro del mundo nuestro, aprenderán de forma intensiva y, cómo no, gratuita, la realidad del ser humano, sus extremas complejidades y su habilidad para resolver conflictos: A la cama no te irás sin saber una cosa más.
Tal vez el sueño de toda persona corriente sea tener enfrente al que gobierna su país y reclamarle justicia, carencias o inquietudes; exigirle el firme cumplimiento de sus promesas; decirle a la cara señor presidente,
Inaugurando la cosa, estuvo
En el próximo programa,
que lucen una estética recién salida del armario, cantan lo justito y nos recuerdan esa incuestionable verdad y alimento primario:
Julio Iglesias
Las razones que han llevado a la cadena a no emitir 

Sobre tierra baldía durante casi tres años, Llorente siembra las noticias de política y sucesos, de deporte plural y más breve que otras cadenas; arroja por doquier granos de cultura progre y suave ecologismo. Nunca los telediarios parecieron tan democráticos como ahora (parecer, aunque sinónimo de ser, no significa lo mismo). Para narrar la ficticia inmediatez en directo, Llorente ofrece caras verdaderas: la imperturbable seriedad de Ana Blanco, la veteranía de Jesús Álvarez o María Escario o la guapura Clooney de David Cantero despejando borrascas del fin de semana. Pero no. Ni siquiera Lorenzo Milá, que pasó de presentar el informativo de los cachalotes en La 2, enfundado en camisa a cuadros o jersey cuello vuelto, a batirse en duelo con el reinado de
y se ha ido aficionando al traje con corbata, más acorde con la nocturnidad ejecutiva del 