Parece que los niños no deberían ver la tele, excepto bajo la atenta vigilancia parental, y la causa es clara: el Código de Autorregulación no ha servido para mejorar la oferta televisiva. Desde luego hay que pensárselo dos veces antes de encender el televisor (precaución, amigo espectador, la señal es peligrosa). Ni siquiera nos podemos refugiar en TVE1; tal vez sí en La 2, esa acogedora guardería para menores y minorías. Por la tarde, son muchos los programas que se saltan a la torera este código y se dedican a emitir programas claramente inadecuados y borrosos (horrorosos) para la limpia mirada infantil (acuérdate de tus niños, que te dicen con cariño). Y ahí esta La Primera que, si bien no se ha apuntado aún a la moda tan dañina del polígrafo, sí emite Gente, un programa que no aporta nada bueno: por un lado, los sucesos y por otro los famosos, un contenido poco recomendable incluso para los adultos.
¿Será que su relevante valor social o informativo es incalculable y nosotros, los televidentes, bajitos y no tan bajitos, somos incapaces de profundizar en su legado educativo? ¿O será que las mentes programadoras y pedagógicas están ya prejubiladas o en huelga neuronal o acaso se anexionan al común tráfico de influencias? Creemos que la causa por la que se emite cada tarde este programa de ocaso y tragedia puede ser la espectacularización, la búsqueda del morbo y el sensacionalismo que tanto venden hoy en día. Seguro que nuestros niños, futuro del mundo nuestro, aprenderán de forma intensiva y, cómo no, gratuita, la realidad del ser humano, sus extremas complejidades y su habilidad para resolver conflictos: A la cama no te irás sin saber una cosa más.
No entendemos para qué se ha creado el Código (que debiera enarbolarse como una exigencia moral, imprescindible), pues, aunque pretende beneficiar al espectador y proteger la formación de nuestras criaturas, éste se decanta por las cadenas que más lo incumplen, regalando audiencia a cadenas como Tele 5 y Antena 3 que prefieren programar en su parrilla la llamada “telebasura”. En fin, la telépublica tiene su bote salvavidas en La 2, cuyos directivos son los únicos que se han leído el Código y sus principios: Con el telemando no corras mucho, papá.